El cuerpo tiene memoria: por eso entrenamos. El cuerpo recuerda los ejercicios, el cansancio… y también cómo lo alimentamos. Por eso, comer es preparar el cuerpo para el esfuerzo que va a realizar.
Alimentarse bien antes, durante y después de un partido puede marcar la diferencia entre derretirte a los 20 min o aguantar con fuerza hasta el último minuto. Este artículo va dirigido a quienes saltan al campo, porque cuidarse fuera del campo es cuidar el juego dentro.
¿Cómo comemos para jugar un partido al mediodía?
El día antes del partido: cargar sin sobrecargar
El objetivo aquí es sencillo: llenar depósitos. El cuerpo necesita energía; no vale llegar seco y esperar milagros. Para ello, es importante hacer una ingesta previa de hidratos. En la cena anterior, monta un plato combinando:
· Pasta, arroz, couscous o patata
· Proteínas fáciles: pollo, pescado, tofu, huevos, lentejas rojas
· Verduras cocidas o salteadas, sin exceso de fibra
· Agua, mucha agua, a sorbos durante todo el día
Mañana de partido: desayuno para despertar
Lo que comas por la mañana será el combustible que uses después- Tiene que ser fácil, rápido, ligero, útil. Entre las 8:00 y 9:00 apunta a:
· Avena, cereales o pan
· Miel, fruta… si no tienes ideas, un plátano siempre es una buena opción.
· Yogur, huevo o bebida vegetal enriquecida
· Agua —un vaso grande— o zumo de naranja
Nada rebuscado, nada que pese en el estómago. Y, sobre todo… ¡no innoves! No es momento de probar desayunos nuevos: ve a lo que te funciona.
Nutrición para el partido